RENACER CULTIRAL

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Solo la cultura salva los pueblos.

domingo, 8 de abril de 2018

LA DUALIDAD EN LA MODA QUATTROCENTESCA ITALIANA

Dentro de la Historia del traje, el Quattrocento italiano representa  un auténtico periodo de esplendor vestimentario.  Florencia se erige como epicentro de la moda y el estilo del primer Renacimiento italiano, donde surgen nuevos modelos indumentarios, que se vieron enriquecidos por la suntuosidad de los tejidos, los ornamentos y la diversidad de diseños.  


Un esplendor motivado en parte por las influencias provenientes del refinamiento de las cortes europeas -como la borgoñona-,  y de las familias de alto linaje italianas. Unido al acceso al poder de los nuevos ricos (banqueros, comerciantes y políticos) y en general, a la nueva dimensión que adquiere un nuevo concepto laico de la vida. Concepto basado en la confianza en la individualidad del hombre, lo cual se reflejó directamente en la evolución del traje.

Vittore Pisano (Pisanello): Retrato de la Princesa de Este (1436-1438)
Desde finales del siglo XIV, la intensificación del comercio, y la consiguiente circulación del dinero, contribuyeron en gran medida a elevar el nivel de vida de la población. El dinamismo del comercio, favoreció el cúmulo de riquezas de los burgueses, que aunque carecían de títulos nobiliarios, comenzaban a alcanzar gran poder dentro de los núcleos urbanos. Así, poco a poco, los nuevos ricos comenzaron a dictar las nuevas modas, por encima de los nobles de antiguo linaje.


Piero della Francesca: Retrato de los Duques de Urbino,  ca.1465-1472
Galería Uffizzi, Florencia

Las novedades de la moda y el lujo se convirtieron en un nuevo instrumento de afirmación de poder, dominio y alto estatus para las familias poderosas. La rica burguesía emergente mostraba así la obtención de un nivel social superior, que buscaba la equiparación en cuanto a poder, con la nobleza. 


Con la llegada del siglo XV, surge también un nuevo ideal de belleza femenino, que se centrará en la "delicadeza del rostro", en las "finas manos de largos dedos", el "cabello rubio", "los grandes ojos", "el cutis fino de piel blanca" y la "gracia en el movimiento". 


Antonio Pollaiuolo: Retrato de joven dama, 1465
Gemäldegalerie, Berlín
Sin embargo, y como suele suceder en la historia, los cambios sociales y sus consiguientes nuevas formas de vestir, no siempre son bien recibidas por los distintos estamentos gubernamentales y religiosos. Tal era el caso de las administraciones públicas, que no veían con buenos ojos la excesiva libertad que comenzaba a mostrar el traje femenino. Aquellos profundos escotes, y esos llamativos tejidos de colores vistosos, eran observados como el "síntoma inequívoco de una nueva y temible actitud individualista". Las leyes suntuarias promulgadas por el gobierno a lo largo del siglo XV, se destinaron a limitar las fantasías de la nueva moda, con el objeto de mantener un modelo vestimentario ideal y unitario dentro de la pirámide social. 

Cabe citar como ejemplo, las leyes florentinas de 1456, que permitían a las mujeres poseer solo "dos vestidos de seda; uno para el verano y otro para el invierno". Los modelos a los que hace referencia esta disposición son los por entonces denominados, cioppa y giornea, y las mujeres solo podían elegir entre uno u otro.
Sandro Botticelli: Retrato póstumo de Simonetta Vespucci, ca. 1480-85
Städel Museum
Al respecto, Leon Battista Alberti, (arquitecto, humanista, y uno de los primeros teóricos del Renacimiento) describió en su Trattato sulla famiglia, (1434-1440)las cualidades fundamentales que debía poseer una novia: "la belleza simple de la mente y la modestia, además de una sana y  robusta constitución necesaria para tener hijos". Al tiempo, cargaba contra las mujeres que maquillaban su rostro, con lo cual "atraían solo a los hombres más lascivos". Alberti además, recomendaba a las mujeres la modestia en el vestir, indicando que el ropero femenino se limitase  a "un traje nuevo para los días de fiesta, un traje usado para los demás días, y uno más gastado para estar en casa".


Domenico Ghirlandaio: Retrato de Giovanna Tornabuoni, 1489-1490
Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid


Domenico Ghirlandaio:Frescos de la Capilla Tuornabuoni (detalle) 1490

La literatura de los moralistas de la época también destacó su preocupación por la mundanidad y la frivolidad de su contemporáneos en cuanto a su apariencia, la cual consideraban un signo inequívoco de la corrupción de aquellos tiempos.


San Bernardino de Siena, religioso y predicador franciscano -quien tuvo un importante papel en la religiosidad del siglo XV- se mostró en desacuerdo con las nuevas modas, en las cuales se derrochaba grandes cantidades de tejido. En una ocasión, llegó a decir en uno de sus famosos sermones: "Oh mujeres, decidme: ¿para qué sirven las largas colas de los vestidos, que levantan polvo cuando camináis por la calle en verano, y se ensucian de barro en el invierno?".


Como resultado de esta contradictoria dualidad, entre la modestia y el lujo, las grandes familias florentinas mostraban una gran discreción y sencillez en la ropa de uso diario, que contrastaba con un gran derroche de recursos, cuando se trataba de celebrar fiestas y ceremonias de carácter sacro o profano. Ocasiones que consideraban propicias para exhibir una gran suntuosidad indumentaria.

Ejemplo de esas fiestas, fueron las justas y torneos organizados en Florencia en 1469, con Lorenzo el Magnífico en el papel de protagonista. Festejos encaminados a celebrar los fructíferos negocios con Francia y Flandes. Para la ocasión, hombres y mujeres vestían con ricos tejidos de seda y terciopelo, y bordados con perlas, e hilos de oro y plata. 

Busto realizado en terracota de Lorenzo de Medici, siglo XV
National Gallery of Art, Washington DC
Cuando acababan los festejos, los florentinos volvían a sus atuendos sencillos. Buen ejemplo de ello lo encontramos en el busto de Lorenzo de Medici, representado con un austero atuendo, con la cabeza cubierta con un sobrio tocado florentino acolchado. Reflejando el deseo de Lorenzo de ser visto simplemente como un ciudadano respetado y ejemplar, en lugar de un príncipe de facto. 





Bibliografía

- Boucher, François: Historia del Traje en Occidente

-Fabbri, Paola: La moda italiana nel XV secolo. Abbigliamento e accessori

- Fiorentini, Aurora/ Ricci, Stefania: Il costume al tempo di Lorenzo il Magnifico



Agradecimientos

Emanuela Selvitella, por su inestimable ayuda con las traducciones de los textos en italiano antiguo
http://historiadelamodaylostejidos.blogspot.com/2018/