RENACER CULTIRAL

RENACER CULTIRAL
Solo la cultura salva los pueblos.

viernes, 23 de febrero de 2018

NOTAS DE ARQUEOLOGIA
Por- el Ingeniero A. J. Scaroina. (1)
Fuente: BAGN. No. 13-05 año 1940, pps. 424/ 427
Al descubrir la Española, la primera actividad de las valientes pero reducidas tropas de desembarque, fue la de asegurarse en el desconocido territorio conquistado, ideando un sistema de defensa rápido y eficaz. Empezó, así, la sucesiva construcción de fuertes, que iban jalonando el avance de la conquista. Tales fuertes, de construcción rudimentaria pero sólida, se esmeraban, más que en otra cosa, en la altura y solidez del vallado perimetral, hecho de troncos de árboles, clavados verticalmente, y asegurados entre sí.
No podía escaparse, a los españoles, provistos de buenas armas y corazas, que el peligro, para ellos, podía estar solamente en la presión de fuertes masas, y, contra este peligro los sólidos valladles, representaban más que segura defensa.
Con el proceder de los años, el fuerte se transformó en poblado y, con la organización de la vida colonial, se llegó, en el año 1497, a la construcción de la Nueva Isabela, en la margen oriental del río Ozama, precursora de la Metrópoli, Santo Domingo de Guzmán, en la margen occidental
La Nueva Isabela fue ciudad que yo llamaría transitoria, sea por su ubicación prácticamente desconectada con la parte más rica y de mayores actividades de la española, sea en lo que a edilicia se refiere; porque en nada progresó en todo el tiempo que estuvo en el mismo lado. No deja de extrañar tal estancamiento, cuando se piensa en la gran actividad de los conquistadores y en sus manifestaciones proteiformes
.
Y pienso, entonces, como una hipótesis, que la ubicación de Santo Domingo en el lado oriental, pudo haber sido ex-profeso, a manera de locación provisional, esperando que se desarrollara la verdadera ciudad, en el lado occidental.
Esta hipótesis, la justifica, entre otras razones el tipo de la primera Iglesia, una verdadera Capilla, de construcción deficiente, incompatible con el carácter español, intensamente religioso. Puede justificarla, también, la mentalidad del Adelantado D. Bartolomé Colón.
 Hay que suponer, sin embargo, que en el corto período de vida de esta oriental ciudad de madera, los españoles se dieron cuenta exacta de clima, fenómenos naturales, recursos constructorios, etc., y, con criterios exactos, y medidas certeras, fueron plasmando la Atenas del Nuevo Mundo. No es desacertado suponer que la fuerza inteligente, el ALMA MATER, estuviera representada por frailes franciscanos y dominicos.
 Desde los conventos, donde residía el monopolio del saber, irradiaba ciencia y arte y, en la conquista, al lado del pendón de Castilla, se plantaba la Cruz, símbolo de luz divina, de luz de inteligencia, de moral, de valor, de sacrificio. Sin esta asociación entre el valor del soldado y la preponderancia de la Religión, es probable que otro aspecto hubiera tenido la historia de la conquista.
La Ciudad de, Santo Domingo se vino trazando en forma regular  con calles típicas de doce varas españolas de ancho, y orientadas de manera que la trayectoria solar y los vientos dominantes, tuviesen cierto ángulo de incidencia con la dirección de las calles. Esta incidencia no podía ser muy pronunciada, por no perjudicar al concepto de urbanización que se tuvo, de que las calles quedasen normales y paralelas al curso del río Ozama.
 Es oportuno notar, también, que, entre todas las ciudades surgidas en islas o en el continente, en esa Época, Santo Domingo es la única que adopta las calles rectilíneas, científicamente orientadas y de un ancho inusitado para la época.
Estudiando, ahora, las edificaciones de la Ciudad, se nota que no fue la rutina, la que hizo adoptar tal o cual material de construcción. Aparentemente lo más práctico, pudo haber sido el ladrillo, en un sitio rico en arcilla, y con bosques enteros para combustible. Sin embargo, aunque se fomentara rápidamente un tejar, en un sitio que, desde entonces se llamó el HOYO DEL BARBO, detrás del actual Teatro Independencia, y que daba un material de clase inmejorable, no se dio a tales ladrillos más que un empleo parcial, en jambas y paramentos de puertas y ventanas, construcciones bajo tierra, como aljibes y pozos negros, algo en los arcos y, generalmente en techos que resultaban frescos, duraderos, y adeptos para captar las aguas pluviales. En las paredes de las casas, se empleó largamente la tapia, y, en varias, la cantería.
 En edificaciones importantes, la cantería se alternaba siempre con paredes de tapias, con espesor a menudo excesiva. Esta promiscuidad de construcción, no pudo ser producto de error ni de economía.
 Aun hoy, sabiendo leer en estas gloriosas páginas de piedras, se admira una técnica perfecta. No pudo influir mucho la razón económica, desde que además del trabajo de los indios, habían recursos suficientes, producidos por impuestos, alcabalas, rentas de las fundiciones de oro de La Vega y de las dos de Buenaventura, etc., y, además, había el tributo de 450.000 ducados anuales, impuesto a la colonia por el Comendador Ovando, lo cual representaba una entrada esquiva lente a unos mil dólares diarios, de nuestra moneda.
 Esta variedad de distintos materiales de construcción, según el que suscribe no fue arbitraria, pero fue el resultado de los amplios conocimientos técnico-científicos y de la profunda observación, por los elementos inteligentes de la colonia, todo lo cual llevó a sistemas bien definidos y rigurosamente aplicados, por efecto de una previsión maravillosa, Comprendieron, estos elementos inteligentes, casi desde el principio, que había de precaverse de una dificultad de dos peligros, la dificulta$ del clima y 1m peligros de temporales y terremotos.
 En la totalidad de la edilicia se nota, por esa, como una constante preocupación de defensa: orientación de calles, espesor de paredes, materiales usados, posición y tamaño de puertas y ventanas, y hasta en el mismo estilo arquitectónico.
 La lucha contra el calor fue breve y eficaz. Por lo pronto, había que producir una especie de separación entre la parte interior de los edificios y la atmósfera cálida del exterior; esto se consiguió con el empleo de paredes de fuertes dimensiones y materiales malos conductores del calor, y reduciendo el número y dimensiones de ventanas y balconcetos, porque, puertas y ventanas de grandes dimensiones que dan al exterior, establecen siempre un equilibrio de temperatura entre el interior y el exterior.
 En los interiores, las puertas eran casi constantemente disentéricas, por tamaño y colocación, pero, con este sistema se establecían pequeñas corrientes y una ventilación permanente, por elementalísimo principio de física. La altura de las piezas, además, permitía que el aire caliente, más rarefacto acumularse hiciera los techos, hasta refrescarse, determinando pequeñas ventilaciones verticales.
 El uso de paredes de fuerte espesor, perforadas por poma p estrechas puertas y ventanas, eficaces en la lucha contra el calor, lo fueron, en grado sumo, para resistir de manera absoluta, al embate de los temporales y ciclones, ninguno de los cuales, por fuerte que fuese la fuerza del viento pudo determinar el más pequeño momento de rotación, como ningún viento pudo producir desperfectos en las ventanas y balcones de característica y sólida construcción, y cerradas con trancas
En lo que a movimientos sísmicos se refiere, tengo formada una teoría, que es absolutamente personal. Los intelectuales de conquista, debieron notar que, los terremotos, en este país, son casi constantemente ondulatorios, y paralelos a la  dirección                 de las cordilleras, es decir, de este a oeste más o menos.
 No es el caso, en estas notas de extenderse en discusiones de sismográfica para demostrar, ni la posibilidad de una teoría, ni la posibilidad de una ley de dirección, cosas que, de todos modos, no estarían en contradicción de las teorías de Huinboldt y otros.
Admitiendo mi teoría, en el caso de un movimiento sísmico en Santo Domingo, las paredes este-oeste, oscilarían dentro de su plano y el centro de gravedad no saldría nunca de la base. Las paredes norte-sur, al contraria, oscilarían, en forma pendular, sobre sus bases y, por ende, el centro de gravedad está expuesto a salir de su base a cada momento.
 Desde luego, más altas las paredes, más alto el centro de gravedad, y más probable el peligro de derrumbe. Resulta que las paredes este-oeste, están menos en peligro que las paredes norte –sur  . Pues bien las paredes de menor peligro, preferían hacerlas monolíticas, de cantería y las paredes de mayor peligro, preferentemente se construían de conglomerado, de tapia.
A primera vista puede parecer este sistema como un anacronismo, y, sin embargo o es así. En paredes monolíticas, las vibraciones se transmiten, por toda su altura, con la misma intensidad: en paredes no monolíticas, de conglomerado, las vibraciones van decreciendo, en razón de altura. A esta conclusión sobre resistencia llegó, entre otras tantas, la comisión técnica italiana, a raíz de los últimos funestos terremotos de la Calabria, en el Sur de Italia.
Este criterio de construcción de paredes, tenía sus excepciones, y muchas, principalmente en las paredes perimetrales  de edificios importantes, por de estética o de defensa.
Tantas preocupaciones de defensas varias, no podían dejar de influir también en el tipo de las construcciones y en el estilo arquitectónico, que se quiso adoptar. Por poco que se observe, se nota, en toda construcción de la época, una especie de uniformidad constante.
 Es el estilo medioeval que continúa, con sus caracteres góticos-románicos. Su elegancia no está en el adorno, ni en elaboradas cornisas, ni en cambio de planos de fachadas, ni en grandes balcones de esbeltas columnas, pero si está en la severidad de la línea, en las proporciones harmónicas en los pocos y sobrios detalles decorativos, que confiesan noblezas y abolengos, y que producen perspectivas que rememoran época de paladines, cantos de menestrales, y sones de liutos.
 Solamente razones imperiosas pudieron sobreponerse a la corriente progre vista de la época, que se enmarcaba en la renovación completa del Renacimiento, haciendo inexplicable el conservadorismo cuando, todo evolucionaba, hasta el arte de la guerra, por las radicales reformas del Gran Capitán, D, Gonzalo de Córdoba
¿Quién fue el Ing. Alfredo J. Scaroina?
( 1) Don Alfredo  J. Scaroina Montuori
Este nombre, quizá olvidado por la generación de esta época de la ciudad de La Concepción de La Vega. Es   sin lugar a duda, una de las personalidades llegada a esta  ciudad del extranjero, que valoraron en todo lo que cavia valorar la hospitalidad de los residentes en este pueblo mediterráneo  de la Isla de Santo Domingo enclavado en el corazón de la Región del Cibao.
Llegado del lejano continente europeo, de visita  a esta ciudad, quedó prendado de ella, e  hizo residencia m aquí, donde  formo familia, uniéndose en lazos matrimonial con  la dama de esta sociedad la señorita Fresa García Godoy. Esta  unión, ocurrió por el año de 1904,  de cuyo matrimonio nacieron tres hijos; Clara, Eduardo y Yolanda Scaroina García Godoy.
De profesión Ingeniero, nació  el 17 de julio del 1864, en la ciudad de Avellino, Italia, realizando estudios  en la Universidad de Milán y en la Universidad de Roma, titulándose de Ingeniero Civil, de Puentes  y Caminos así como de Arquitecto.
Llega a Santo Domingo, en 1890,  en viaje de placer y a la ciudad  de la Concepción de La Vega, en 1900.
Aquí en esta pueblo,  el Sr. Scaroina,  fue cofundador  del Colegio San Sebastián de La Vega; colaborador incansable del Padre Fantino en su obra educadora, impartiendo docencia de: Matemáticas, e Idiomas de forma gratuita, el cual hablaba a la perfección cinco idiomas;  Español, Inglés, Italiano, Latín,  y Francés. Durante  toda  su vida, vivió, se comportó y actuó como  un vegano autentico.+
Fundador del Cuerpo de  Bomberos de esta ciudad y de Santo Domingo,  en el primero llego a ser Capitán  y en el segundo Teniente Coronel y Jefe del Cuerpo Técnico. Fue designado Arquitecto de la Arquidiócesis de Santo Domingo, por  su gran devoción  a la Iglesia Católica, hombre de excelentes costumbres y principios. Reconocido por el Obispo de Avellino  como Hijo Noble y Honestísima Familia. Así también  el Arzobispado de Santo Domingo, Monseñor Alejandro Nouel,  en un documento fechado en 1917, hace grandes elegíos y alabanzas al eminentes arquitecto, luego que realizara los trabajos de reconducción de la Catedral Primada de América, de forma gratuita  en el año de 1916.
El Ing. Alfredo Scaroina, de amplia cultura,  hisos publicaciones  en el Periódico La Opinión,  por el 1938, un ensayo  sobre Arqueología con el título  de “Notas de Arqueología”,  y el Periódico Listín Diario uno  con el título de “Tópicos  del Progreso.
Sus obras arquitectónicas figuran; El Edificio Municipal y la Iglesia del Rosario, en Moca; El Palacio Municipal de San Cristóbal; El Mercado Público, de La Vega, el cual consideró como su obra maestra, una réplica del mercado de Venecia, construido a en la segunda década del siglo XX y destruido por ambiciones personales de  autoridades vegana en 1955. De La Vega, así como la construcción de las de la Iglesias de La Vega  y Cotui,
Además, la ampliación y la torre  en el Santuario de Bayaguana, la terminación  del templo  de hormigón armado  de San Pedro de Macorís. También un pabellón del Hospital San Antonio de SPM.
Scaroina  Montuori, diseño y construyo edificaciones en Venezuela y Curazao, fue uno de los que contribuyó al brillo y esplendor al dar unidad y diversidad al universo antillano del Caribe Arquitectónico. Sus estilos variados, del: Neoclásico, Neo-Musulmán, Romántico Ibérico,  Renacentista, y rasgos  del Movimiento Modernista de la  Época.
Falleció en 1950, siendo sepultado sus restos  en la  ciudad que  lo acogió y que él la asumió como suya, La Vega,  en el Panteón de la Familia García-Godoy.
Como todos lo que  realizado obras en beneficios de este pueblo, ha estado  siendo ignorado por la presente generación que desconoce quien fue este polifacético  y genial Ítalo-vegano, es justo y merecido  que alguna calles de esta ciudad lleve el nombre del Ing. Alfredo J. Scaroina Montuori, para el  reconocimiento de las próximas generaciones 

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